El fútbol de ascenso suele explicarse desde la épica del barro o la frialdad de las planillas de resultados, pero rara vez desde la psicología aplicada a la gestión de recursos escasos. Fundado en 2023 en una plaza del barrio de Belgrano, Barrancas FC completó una metamorfosis inédita: en apenas tres años de vida institucional se coronó campeón del Torneo Promocional Amateur 2026 de la AFA tras vencer al SAT en la final, asegurando su boleto a la Primera C para 2027.

Detrás de la solidez táctica del equipo dirigido por Mariano Moramarco, la estructura deportiva estuvo comandada por una figura atípica para la categoría: un director deportivo con más de veinte años de trayectoria como futbolista profesional en el ascenso profundo. Apenas dos años después de haber colgado los botines en Leandro N. Alem, Ezequiel Vicente asumió la secretaría técnica del Elefante Rojo. Su diagnóstico inicial no buscó emular modelos corporativos descontextualizados, sino construir un puente empírico entre la memoria de vestuario y la dirección deportiva moderna.

El retiro y la reconversión: hacerle ganar tiempo al futbolista.

"El jugador de fútbol nunca deja de ser jugador de fútbol", sostiene Vicente al reconstruir el punto de inflexión en el que abandonó la cancha para subirse al rol de gestión. "Por una cuestión de edad sentí que ya no podía brindarme al 100% adentro. La dirección deportiva fue la herramienta natural para seguir en esto que hice desde chiquito".

Sin embargo, trasladar dos décadas de experiencia sobre el césped a una oficina técnica exige una renuncia metodológica: despojarse del ego de protagonista y asumir una función de facilitador invisible.

"Lo que intento hacer en cada charla es brindarle al jugador y al cuerpo técnico herramientas o situaciones que ya me pasaron a mí, para que les sea más sencillo y no tropiecen con lo mismo. El objetivo es hacerles ganar tiempo. Desde afuera las cosas se ven totalmente distintas, pero cada uno tiene su lugar. El secreto es generar grupos de trabajo con roles bien distribuidos y límites claros".

Scouting sin algoritmos: la agenda y el filtro de frustración.

En las divisiones metropolitanas semiprofesionales o de elite, las plataformas de scouting predictivo procesan cientos de métricas por minuto. En el Promocional Amateur, el universo de datos se reduce. No hay estadísticas consolidadas, mapas de calor ni registros biométricos públicos.

Para confeccionar el plantel campeón, Vicente tuvo que prescindir un poco del Big Data y recurrir a lo que define como scouting de trinchera: apoyarse en su red de contactos, levantar el teléfono con ex compañeros y rastrear futbolistas descartados en las divisiones formativas de clubes de Primera División.

"El scouteo fue muy artesanal: preguntarle al conocido del conocido, traerlo a prueba y mirarlo de cerca. Fuimos a buscar chicos a las reservas de Huracán y de Independiente", detalla Vicente. Pero la evaluación no se limitó al control orientado o la velocidad en el uno contra uno; el filtro excluyente fue la resistencia psicológica:

"No alcanzaba con tener calidades técnicas y físicas; necesitábamos jugadores que se aguantaran la profesionalización del entrenamiento y que entendieran que ante la frustración hay que volver a insistir. La cabeza en esta categoría lo es todo".


El vestuario invisible de las diez de la noche.

La gran contradicción que debió arbitrar la secretaría técnica de Barrancas radicó en la brecha entre la exigencia y la realidad socioeconómica. Con un plantel compuesto íntegramente por futbolistas menores de 25 años sin contratos profesionales registrados, el club implementó una rutina matutina de alta intensidad con departamento médico, nutrición, psicología y videoanálisis. Pero a las dos de la tarde, la burbuja deportiva se disolvía.

"La mayoría de los chicos tienen que trabajar a la tarde. Iniciamos con 25 jugadores y terminamos con 32 al subir juveniles. Eran 32 realidades extrafutbolísticas que teníamos que gestionar a diario", confiesa el director deportivo.

La tarea del director en el ascenso se convirtió así en una guardia operativa permanente: "Es un trabajo 24/7. Va desde llamar a las diez de la noche a un jugador para ver cómo está de ánimo, hasta coordinar de urgencia la atención de otro que tiene un problema de salud en la familia. Si no estás encima de eso, el pibe al otro día entrena con el cuerpo en la cancha y la cabeza en cualquier lado".

El dato humano a la par del GPS.

En tiempos donde la analítica deportiva parece monopolizar las decisiones de los clubes, Vicente plantea un contrapunto conceptual tajante: la información más determinante no se descarga sólo de un software.

"Es fundamental tener datos de progresiones, de alturas donde presionar, rutas de pase, GPS o testeos físicos. Pero es mucho más importante tener el dato humano del jugador, del técnico o del profe. A mí me pasó de enterarme de un problema grave que tenía un chico gracias a otro compañero. Si no estábamos cerca, no lo sabíamos. Se lo pudimos resolver y a partir de ese momento el jugador volvió a estar al 100% en el club. La respuesta a un problema táctico muchas veces la tiene alguien de la estructura a quien nunca le preguntaste".

Esa cercanía quirúrgica permitió blindar la convivencia interna a lo largo de un torneo desgastante. Pese a que el 75% de los minutos los disputó una misma base titular, el mensaje desde la dirección deportiva apuntó a revalorizar a los postergados: "El que estaba afuera era el que empujaba el carro. Se los dijimos todo el año: la competencia interna sana fue lo que nos dio el salto de calidad".

La regla innegociable: sentido común y la verdad al frente.

Con el primer ascenso consumado, Barrancas FC proyecta su desembarco en la Primera C para 2027. Vicente es consciente del abismo que separa al amateurismo de una división semiprofesional con contratos formales, estadios pesados y clubes con casi un siglo de vida: "Tengo un latiguillo: ahora nos metemos en otro deporte. La C es durísima y somos conscientes de que hasta haciendo el trabajo muy bien, podés fallar. La meta será equivocarnos lo menos posible".

Consultado sobre cuál es la cualidad innegociable que debe tener un director deportivo para sobrevivir y construir valor en el fútbol argentino, Vicente prescinde de manuales teóricos:

"Sentido común. Ser simple, no ser rebuscado y, sobre todo, no mentir. Al jugador de fútbol no le gusta que le mientan. Si como club ofrecés poco o mucho, tenés que cumplir en tiempo y forma. El rol del director deportivo todavía no está del todo instalado en el ascenso; es una batalla cultural que tenemos que dar día a día, con trabajo silencioso y con hechos".