Cuando Iván Alonso desembarcó en Cruz Azul en octubre de 2023, el escenario era desolador. El equipo marchaba en la posición 16 o 17 del torneo, la prensa no daba tregua y la hinchada había abandonado las tribunas, con apenas dos mil o tres mil personas por partido. El mandato del presidente fue crudo y directo: lograr que el equipo compita y someta al rival.

Para Alonso, transformar esa realidad no pasaba por tirar una bomba atómica y arrancar de cero, sino por entender la diferencia entre cambiar y transformar. "El cambio es la sustitución de estrategias, mecanismos o técnicas; la transformación es el proceso gradual en el tiempo en el que uno va a implementar esos cambios", explicó frente a un panel de colegas y exfutbolistas en una clase magistral de dirección deportiva.

El primer diagnóstico que hizo al llegar a la institución mexicana fue claro: el fútbol es una industria hiper bohemia. "Todo es de todos, nada es de nadie, y cuando explota la bomba le explotan a cuatro y los demás siguen vivitos y coleando", sentenció con su habitual franqueza rioplatense. Para cortar con esa anarquía, su gestión impuso la institucionalidad y la actitud de responsabilidad. Esto se tradujo en armar manuales de procedimientos, definir perfiles de puestos y establecer a quién reportaba cada empleado. Se terminó la época en la que nadie sabía cuáles eran sus responsabilidades reales dentro del plantel.

Esa misma rigurosidad la llevó a la billetera del club. Alonso desmitificó la idea de gastar por gastar y planteó una regla inquebrantable para el plan económico-financiero: las estructuras de costos del área deportiva (plantel principal, juveniles, cuerpos técnicos, dirección deportiva) no deben superar el 55% de los ingresos totales. El 45% restante debe quedar como margen de contribución para operar el área corporativa.

Pero la gestión de escritorio no sirve si la pelota no entra. Y ahí es donde el modelo de Alonso se vuelve contra-intuitivo para los libritos tradicionales del fútbol. Según él, cuando llegás a un club en pleno proceso de reestructuración y malos resultados, el modelo deportivo se arma por el tejado, no por los cimientos. Primero hay que definir cómo querés que juegue el primer equipo, para que los resultados te den tiempo y aire para seguir construyendo hacia abajo, en las inferiores.

Esa búsqueda incesante de la "excelencia deportiva" lo llevó a tomar decisiones dificilísimas, que muchas veces rozan la impopularidad. Cruz Azul logró recuperarse, alcanzando un 85% de efectividad en partidos oficiales sin conocer la derrota durante su gestión de dos años y medio, y cosechando 75 puntos entre dos temporadas. Sin embargo, Alonso y su equipo decidieron despedir al cuerpo técnico a falta de una jornada. ¿El motivo? La semilla del fracaso se planta en la cúspide del éxito.

"Tomar decisiones previendo que va a suceder algo que todavía no sucedió suena a futurólogo, pero es parte del rol", confesó. El equipo ganaba, sí, pero las formas se estaban deformando y el sistema de liguilla mata-mata del fútbol mexicano no perdona. Para el director deportivo, ser resultadista es importante, pero ser coherente con las formas en las que se compite lo es aún más.

Hoy, Cruz Azul volvió a ser un club protagonista. Ya no se trata de evitar los insultos en el palco, sino de haber conseguido "La Décima". Y todo porque alguien se animó a mirar más allá de la cancha, a diseñar pequeño semestre a semestre, y a entender que, en el fútbol moderno, si no tenés un norte institucional, sos boleta.